Quiero darle un puñetazo a un compañero de trabajo
Por Victor Weinstock
Escritor Colaborador de Monster
El que se enoja pierde. En cinco palabras se resume el dilema al que te enfrentas cuando te ofuscan las ganas de darle un trancazo en la cara a un compañero de trabajo. Cuando uno golpea es con ganas absolutas de ganar el pleito con toda certeza; si existe la menor duda en ti de que vas a perder, seguro pierdes. Con ganas de ganar el pleito, con destreza y astucia, tienes todas las de ganar, aun cuando parezca lo contrario a primera vista. Antes de enojarte piensa largo y tendido qué es exactamente lo que puedes perder si te enojas, qué es lo que puedes ganar si no; y también qué exactamente es enojarse.
Empieza por entender tu propio enojo; trata de comprender las dimensiones de tu tolerancia a la frustración no sólo por la reacción que provocas en tu entorno inmediato al enojarte, sino en tus propias acciones, y en tus palabras. ¿Con qué te quedas tú cada vez que te enojas en el trabajo? ¿Te ganas el respeto de tus compañeros o lo pierdes? ¿Y el tuyo? Te respetas a ti mismo cuando te enojas, o te pierdes el respeto, y todo por alguien que, al menos desde tu punto de vista, al menos por un segundo, no merece siquiera vivir. ¡Lo quieres matar! De hecho, en tu imaginación ya lo has matado. ¿Y por un muerto estás dispuesto a arriesgar tu puesto? Por supuesto que no, de lo contrario no habrías llegado hasta este punto en la lectura.
Ahora bien, una vez que has comprendido los mecanismos secretos de tu ira, la puedes controlar y dirigir a tu favor. Ya estás listo para volver la mirada hacia el contrario. ¿Qué te enoja de él? Empieza por separar al compañero del trabajo. Visualiza un paseo con esta persona fuera de la oficina y reflexiona: ¿quién es esta persona que te acompaña? ¿Con qué fin te acompaña? ¿Es tu compañero de juegos? ¿Es tu compañero de fórmula? ¿Es tu mujer o tu marido? No, probablemente la respuesta a estas interrogantes es que esta persona que en la visualización te acompaña al juego, o a la campaña política, o al lecho, no corresponde a la realidad. Tu compañero de trabajo es sólo eso, un compañero de trabajo; si te acompaña en el trabajo aprende a controlar tu enojo para no salir perdiendo; eso es todo. Así de simple. Recuerda que en ningún lado está escrito que debes ser amigo de todas las personas con las que trabajas; basta con que trabajes y dejes trabajar. En este caso, cuando el opuesto hace bien su trabajo; aplica la indiferencia y así saldrás ganando pues preservas el respeto y la serenidad… y el puesto.
Sin embargo, si al voltear la mirada al otro, con frialdad, descubres su ineficiencia, y eres capaz de encontrar sus puntos vulnerables, ataca. La mejor defensa es el ataque, sin lugar a dudas. Ataca sin piedad, a matar, porque esta persona te estorba a ti, y estorba a la empresa. Pero ataca con inteligencia, no te atrabanques, no pongas en riesgo lo ganado con un despliegue innecesario de violencia física, o de juicios sumarios que te puedes evitar.
A veces nos frustra, nos enoja saber que el rival es inepto, que la supervisión está secretamente de acuerdo, pero que parece que nadie puede o se atreve a hacer nada. Piensa que aun el más invencible de los rivales puede derrotarse a sí mismo si lo orillas a su propio precipicio, como hacían los pequeñitos homínidos con el poderoso mamut. Todo Aquiles tiene un talón. Presenta las pruebas, prepara tu caso, exhibe al sujeto de tu escarnio con elegancia y así seguro ganas, aun cuando el permanezca en el puesto y tú no; porque te irás con la satisfacción de haber ganado la batalla. Al salir airoso, no enojado sino satisfecho, tienes todo para ganar, y nada que perder.
Las palabras son baratas, las acciones son caras. Mejor escribe las aventuras de tu pesadilla en la oficina, publícalas en tu blog. En serio, lo de arriba fue un ejemplo de liberación catártica a través de la escritura. Tengo una amiga que se dedica a coleccionar historias de oficina. Antes de actuar en base a los aguerridos párrafos anteriores, hazte la siguiente pregunta: ¿vale la pena llegar a tanto? ¿no será mejor imaginar a esta persona en el baño, constipado, como decía mi abuelita, para satisfacer el morbo? Puede que sí, puede que no. Eso sólo tú lo puedes valorar; mas no olvides que, si vas a salir enojado y con la sensación de haber perdido algo importante, mejor detente; respira hondo, y mira a tu computadora contar borregos eléctricos mientras trabajas, mientras te concentras en tu trabajo, mientras navegas con viento a favor por el trabajo de tus sueños que te fascina, y te olvidas que una mosca se paró en el pastel.