Me enteré que van a despedir a un amigo, ¿qué hago?
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Por Victor Weinstock
Escritor Colaborador de Monster
La amistad verdadera es un compromiso revelador en la vida de cualquier persona. El origen de la palabra es griego: “a” – sin, y “ego” – yo. Es decir que en la amistad uno se compromete a encontrar y proteger a su otro yo. En el amigo nos revelamos nosotros, vemos nuestro reflejo. Ya lo dice la sabiduría popular: “dime con quien andas y te diré quién eres”. El ser humano es gregario; por ende, proteger la amistad es una cuestión de supervivencia; cuidar al amigo es tan importante como tener buena salud.
Sin embargo, en los negocios no hay amistades sino supervisores, subalternos, compañeros, clientes y competidores. Y cuidar nuestro modus vivendi es también un asunto de vital importancia. Cualquiera que se precie de ser un amigo sabrá entender el delicado equilibrio que existe entre la lealtad y el hara kiri. Un amigo verdadero no pone en riesgo nuestra situación laboral.
¿Qué pasa entonces si te enteras de que un buen amigo está a punto de ser despedido? Seguramente pasarán por tu cabeza pensamientos como estos: “si me quedo callado estoy privando a mi amigo de una información de vital importancia, sin duda; pero la indiscreción puede poner en riesgo mi propia posición en el trabajo, y entonces lo único que sacaría de soltar información es que mi amigo me arrastre consigo al desempleo”. El panorama no es nada halagüeño pues nos pone entre la espada y la pared: mal si hablo, mal si no.
El primer paso para salir de esta encrucijada es mantener la cabeza fría y hacer un análisis clínico de la situación. Considera el lugar dónde trabajas y olvida por un momento la lealtad debida a la amistad. Desde esta óptica es posible llegar a la conclusión que lo mejor para tu amigo es salir de la empresa. Quizá él o ella no es la persona ideal para el puesto y no le haces ningún favor fingiendo demencia. También es posible que su capacidad no sea puesta en duda pero por políticas internas de la empresa su cabeza está por rodar. Recuerda en este caso que tú no eres un superhéroe vengador; basta con que te tomes el tiempo para desenredar y comprender los hilos de estas políticas para hacer la buena obra del día.
Nunca debes mentir a un amigo haciéndole creer que los rumores son falsos, y que le queda larga vida en la empresa, con la intención de levantar su ánimo. El optimismo pasajero se tornará en rencor contra ti cuando explote la bomba. Tampoco debes correr a calentarle la cabeza porque eso sólo puede empeorar las cosas.
Salvo que, al cabo de tu análisis minucioso, concluyas que lo mejor es no decir nada a tu amigo, lo más probable es que decidas compartir la información y ser leal a la amistad. No obstante, te has tomado el tiempo de estudiar la situación antes de correr a echarle leña al fuego y es esta frialdad el mejor regalo que le puedes ofrecer a la amistad, y a ti mismo en última instancia. Y es que en estos momentos de golpes duros al ego lo que más nos hace falta es que alguien sin ego, en griego “a ego”, un amigo, nos ayude a separarnos de las respuestas pasionales e impulsivas para salir airosos de la prueba.
Ayuda a tu amigo a entender las razones buenas o malas, justas o injustas, para que la supervisión esté considerando despedirlo. Analicen juntos las opciones. Algunas veces es posible cambiar lo necesario en disposición y estilo de trabajo para salvar el empleo; pero en otras es factible que seamos el mejor vehículo para que el amigo comprenda su realidad, gracias a la confianza que da la relación, y se prepare a aprender la lección y salir dignamente, fortalecido.
Un verdadero amigo sabrá entender las razones que tú tienes para mantenerte en el puesto a la vez que lo previenes a él. Aunque sin duda cabe la posibilidad que este análisis te sirva a ti mismo para ver tu vida laboral desde otra óptica que te permita mejorar tus perspectivas de ascenso o tal vez la necesidad de renunciar, particularmente si tú mismo llegas a la conclusión de que el despido es innecesario e injusto. En todo caso, no pierdas de vista que para salvar a alguien que se ahoga es necesario, en primer lugar, saber nadar. No pongas en riesgo tu vida laboral si no tienes las armas para ayudar a tus amigos a cruzar a la otra orilla.