Los riesgos de montar empresas con tus amigos
Por Victor Weinstock
Escritor Colaborador de Monster
Felicidades. Tú no buscas trabajo, lo generas. Y el hecho de que decidieras leer este artículo después de mirar el título significa que no sólo eres emprendedor sino que tienes la suficiente lucidez como para predecir que arrancar una empresa ambiciosa, cualquiera que sea el ramo, no es preparar un plato de quesadillas —ni siquiera cuando tu negocio sea una fondita económica. Te espera un camino arduo plagado de retos de logística, legales, financieros, laborales… la lista es larga.
Por si fuera poco, a este complejo cuadro has agregado un reto mayúsculo: te vas a embarcar a conquistar una isla desconocida con tus amigos. Recuerda a Colón, unas semanas más sin avistar tierra y probablemente Don Cristóbal habría sido la cena de su hambrienta y desmoralizada tripulación. Trabajar en equipo hacia un objetivo común se escribe más fácil de lo que se logra. En general, en la civilización urbana occidental nos enseñan desde pequeños la importancia de destacar, triunfar, tener la mejor idea, ser el más fuerte o la más bonita, conocer más respuestas, llegar más lejos, escalar más alto, meter más goles, o parar todos los penalties. Por eso es tan complicado brincar de la cascarita llanera al juego de conjunto.
En el África austral existe un pequeño reino, Lesotho, rodeado enteramente por la República de Sudáfrica. Aunque la historia nos cuente que obtuvo su independencia del Reino Unido en 1966, en realidad el pueblo de los Basotho nunca fue realmente conquistado por la cultura anglosajona. Así pues, aun hoy, Lesotho preserva su sabiduría ancestral: la vida es un trabajo en equipo, no una competencia para ser number one. Su idioma, el sesotho, es aglutinante y contiene un vivaracho morfema que transforma a los verbos en acciones sociales, y a los trabajadores en grupos conscientes. Así pues, los Basotho se organizan naturalmente en equipos desde el lenguaje y la conciencia colectiva y no conciben que en los idiomas occidentales no exista este tipo de conjugaciones del lenguaje: ¿cómo entonces se organizan para trabajar en equipo?, se preguntan entre risas.
El plan de negocios debe incluir —además de las proyecciones financieras, el análisis técnico, la logística de operaciones, y todos los demás estudios relativos a tu empresa en particular— claridad en la distribución de las responsabilidades y los beneficios. No quieres pensar nunca que te tocó bailar con la más fea, ni que tú mereces más ponche del que te sirven en la posada, ni que tu amigo no tiene derecho a pegarle primero a la piñata. Más vale poner todas las cartas sobre la mesa al inicio del negocio, cuando todos están lúcidos y activos, con el corazón contento y la cabeza fría, cuando los riesgos aun son hipótesis.
De entrada, si no sientes la confianza de abrir tu juego y que los demás hagan lo propio, retírate de esa mesa antes de que alguien la tumbe, y vuelen cartas y balazos. ¿Para qué ponerse en una situación así? Hay amistades que son buenas para el relajo, y otras que son fundamentales para el trabajo. Es como las copas, no mezcles para no perder el equilibrio, la cartera, el decoro y para colmo los mismos amigos.
La gestión empresarial actual tiene varias vertientes que van desde la organización vertical rígida, hasta la híper flexible organización orbital. Es fundamental que decidas con tus amigos, tus futuros socios, qué tipo de organización es mejor para su empresa; y llegar a acuerdos concretos en la distribución de deberes y responsabilidades para evitar sorpresas desagradables. Tienen que prevenirse tanto para el fracaso como para el éxito. Ninguna de las dos posibilidades es un lecho de rosas, o sí, pero con todo y espinas, no te olvides.