¿Te sientes agotado en tu trabajo?
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Por Antonio Núñez García
Hudson & Highland
No cabe duda de que el nivel de competitividad del mercado es cada día mayor, y eso nos lleva a intentar dar lo mejor de nosotros mismos en todo momento. En ocasiones, este grado de exigencia, unido a las expectativas propias del profesional, genera un sentimiento de angustia, tensión y frustración, difícil de controlar y sobrellevar.
Y es que debemos considerar que un buen trabajo no es sólo aquél en el que pagan bien, sino en el que, además, el profesional se siente motivado e identificado con su actividad diaria.
A menudo, observamos casos de profesionales que pese a disfrutar de empleos razonablemente estables y bien pagados, han perdido todo el entusiasmo y el interés en su trabajo.
Esta situación puede ser producida por muy diversos motivos. Pero, en la mayoría de los casos, se encuentran una o varias de estas causas:
- Excesiva carga de trabajo.
- Falta de reconocimiento.
- Potencial del profesional infrautilizado.
- Salario o incentivos inadecuados.
- Desconocimiento de objetivos.
- Falta de motivación.
- Búsqueda permanente de la perfección.
Independientemente de la causa o causas que provoquen la sensación de agobio o frustración, antes de llegar a esa situación, la persona que se siente agotada en su trabajo reconoce haber pasado por las siguientes cinco etapas:
- "Luna de Miel": el grado de entusiasmo es alto. El profesional disfruta con su trabajo y se siente identificado con la empresa y sus objetivos.
- Desilusión: el trabajador comienza a percibir que sus expectativas no se van a ver cumplidas; siente que algo no va bien pero no termina de adivinar qué es.
- Enfado: esta etapa se caracteriza por el cansancio, la fatiga y la irritabilidad continua.
- Frustración: pérdida absoluta del entusiasmo, bajo rendimiento y desánimo son lo sentimientos propios de esta fase.
- Rendición: el profesional no ve solución posible a su situación; baja los brazos y deja de luchar. Se encuentra dominado por el pesimismo y desea abandonar la empresa.
La respuesta es clara: sí. Cualquier persona, independientemente de su sexo, edad, profesión, nivel económico o grado de formación, puede verse afectado por la frustración, la angustia y el desánimo. No obstante, existen grupos que parecen ser más propensos a sufrir este mal.
La edad es un factor determinante, según estudios realizados en varios países europeos en este sentido: el 22% de los profesionales de entre 22 y 34 años está cansado de su trabajo. Mientras que en el intervalo de los 35 y 46 años, la cifra de frustración alcanza el 65%.
Otros factores como la actividad, la formación, etc.; también pueden influir en mayor o menor medida. Pero, en cualquier caso, parece claro que todos estamos expuestos a que nos afecte.
- Identificar y analizar las causas del problema
En ocasiones nos es complicado aparcar por un instante la actividad para analizar la situación en la que vivimos día a día. Sin embargo, es preciso reflexionar sobre diferentes aspectos de nuestro entono: qué problemas tenemos, por qué llevamos este ritmo de vida, cuáles son nuestras perspectivas, etc. Este estudio ayuda a identificar los problemas concretos existentes en nuestro alrededor, y permite reflexionar sobre su trascendencia. - Organizarse
Llevar una vida organizada es esencial para mantener el control. Y por ello debemos establecer órdenes de prioridades coherentes y efectivas que nos permitan identificar problemas futuros. - Delegar
En muchas ocasiones, nos empeñamos en realizar actividades que podrían haber sido delegadas en otras personas. Sin embargo, seguimos siendo nosotros mismos los que los llevamos a cabo. La delegación de funciones es, en muchos casos, de gran utilidad para solventar situaciones comprometidas. Por ello, es conveniente analizar las actividades a desarrollar e identificar aquellas que pueden ser transferidas a otras personas.
Estos consejos, unidos a la actitud y predisposición positiva del profesional, pueden ayudar en la creación de un clima agradable en la que éste sea capaz de ejercer eficazmente sus funciones con plena satisfacción. - Llevar una vida equilibrada
Las empresas necesitan profesionales capaces de solucionar problemas y aportar ideas, y para ello, necesitan personas equilibradas en todos los aspectos. Llevar una vida sana y alegre permite al profesional mantener intactas sus facultades y le ayuda a concentrarse en su tarea. Practicar algún deporte o disponer de tiempo para la familia, repercute siempre positivamente en el rendimiento del directivo. - Comunicarse con los demás
Sin lugar a dudas, una buena vía de escape a los problemas es compartirlos con los demás. Apoyándonos en lo que nos rodean podemos compartir y aliviar las tensiones que día a día sufrimos en el trabajo. Además, el diálogo es el mejor camino para aclarar posturas y solucionar conflictos. La comunicación en el trabajo debe ser tanto horizontal como vertical.